10.23.2014

Autoescritura

Llevaba tiempo engañándome a mi misma, pensaba que sabía escribir, que pensaba exponer mis pensamientos de forma clara (a veces, concisa). Pero recibí un batacazo, los malditos mensajes anónimos. Quién sería la primera persona que pensaría en el concepto, fuera quien fuera, nos ha llegado de forma anónima.

Tras esta grata sorpresa a media noche y con una familia sin terminar de cuajar (como el huevo en muchas tortillas) y ayudada por un incondicional bajito-como yo- llegué a la conclusión de que todo lo que había hecho era quedarme en las vanguardias de principios del siglo pasado, que seguía en los veinte, que todavía llevaba bonets, que movía mi cuerpo para hacer brillar mis ideales gracias a los abalorios de mi vestido. Me había estancado en la autoescritura, no sabía salir de una insignificante no planificación, que me autovaloraba más de lo que lo hacían los que tenían un wordpress; en definitiva, para qué continuar una cosa cuando no se está conforme con ello. Directamente, apaga y vámonos. No malgastemos el sentido abstracto que le damos a la palabra tiempo.
No obstante, la perseverancia entra en mi vocabulario; imaginación es lo que, a veces, regalo; soy disparada hacia nuevos proyectos; he tenido varias caídas al estrenar tacones. Es decir, creo que tengo los ingredientes para volver a lo que dejaste (¿a medias? No creo, saca lo mejor de lo anterior, da gracias a Dios por su existencia, exprime lo que puedas, saluda al pasar y desea suerte y ánimos-vamos lo mejor para esta vida).

¿Cómo puede una persona dejar de expresarse? Sea por donde sea: lloros, gritos, tics nerviosos- quitándose y colocándose el anillo-, volviendo a 1931, a un título provisional no válido complementado con un guiño y una cuestión, a un diario sin terminar, a un texto hecho por escritura automática.

¿Cómo puede afirmar una persona lo que debe o no hacer la otra? ¿Cómo puede negar la libertad de expresión? ¿Cómo puede negar su autoescritura? ¿Alguien se lo negaría a Breton?

5.27.2014

Reflejos

Creo que, desde siempre, he tenido una obsesión por los reflejos: marítimos, férreos, escritos, históricos. Hace poco me he dado cuenta que viene por herencia directa de María. Es ella la que encuentra a su hermana más joven en el espejo, la que intenta tocarla con sus arrugados dedos, la que le confiesa que se quería escapar de esa habitación.

Puede que, por imitación, a mi me pase lo mismo, que quiera encontrar a gente, objetos, edificios, bolígrafos reflejados por el reflejo creado por la mente. A lo mejor, viviré toda una vida buscando el reflejo inesperado del día para poder olvidarme de que existe la noche. Quizá acabe como las gattere italianas al no encontrar una definición de la vida en el reflejo que yo deseaba.

El mismo día en que me di cuenta de lo heredada que estaba mi presencia, empecé a escribir sobre cada uno de los reflejos posiblemente reales que podría haber vivido. Acabaron mojados al intentar escribirlos a través de un vaso con escasas gotas de agua. Lo volví a repetir pero esta vez fueron los potentes rayos solares los que, a través, del cristal acabaron con la lista.


Fue, al final de ese día, cuando aprecié dos realidades: una, a lo mejor no eran los reflejos quienes me destruían sino las listas mal terminadas y, dos, mi madre no parecía muy atenta a los reflejos, ¿se habría saltado una generación este fenómeno?

5.06.2014

Compartíamos lengua

Compartíamos lengua.
Hace poco menos de dos horas que, por primera vez, le he entendido.

Entender, es decir, mi mente ha asimilado las palabras que salían de su boca para volverlas a repetir en mi espacio cabezón. 
Ambos nacimos en la misma tierra, hasta en la misma capital de provincia y solo nos habíamos escuchado en un idioma extranjero durante más de cuatro meses. Mismos sitios vecinos visitados, diferentes experiencias laborales. Diferente posición de la boca, mismo acento mal imitado.
El mensaje transmitido en nuestra lengua, español, no podía llegar a ser entendidos por extranjeros: dormir como un lirón.

- Qu’est-ce que un lirón?
- Yo creo que es un ratoncillo, me parece… sí, un ratón pequeñito- pronuncia a la par que sujeta el móvil en la mano y muestra sus hallazgos.


Ya entiendo por donde van los tiros, si de hablar en español se trata, con lirones entre las manos se enlaza. Pues, ¿sabes qué? voy a buscar mentalmente las traducciones de “expresiones con animales”  que conozca en nuestro idioma común, para que nuestras lenguas sigan compartiendo palabras, susurros, posiciones para mejorar la e y è, palabras nuevas a nuestro obsoleto vocabulario. 

Au revoir. Bonne soirée.

À vous-toi aussi.

4.24.2014

Shhhhhhhhhhh

Ahí la volví a ver, delante de ese portal que destaca por la luz emitida en la parte inferior mientras el resto del callejero permanece en la penumbra. Por encima de sus ojos, que jamás llegué a ver, estaba ese elemento tan común en ambos sexos en el decenio del 10. De materiales poco comunes en primavera, su tamaño era el adecuado, ni grande ni pequeño, un ala bastante larga por delante para igualarse por detrás. Color que, en un paseo marítimo, estaría de moda, pero no entre asfalto recién secado donde puedes sentir el calor desprendiéndose. Sin embargo, parecía que la elección era la correcta, guardaba correlación con sus vestimentas. Faldas largas, medias por encima de la rodilla, chaqueta abrochada por el frío primaveral nocturno y camisa que no me dejaron apreciar las prisas.

Ahí la volví a ver, me pegó el mismo susto que la vez anterior, la misma facilidad de sorpresa ante la presencia intempestiva de un sombrero de ese tipo. Mirada inferior, pesadas bolsas manuales, amplios andares, desconocido contacto.

Sin embargo, según me acercaba a la mínima emisión de luz, es decir, hacia ella, un sonido formado por eses me llegó pasados segundos- debido a la escucha de música por mi parte- shhhhhhhhhh entendí cuando más me acercaba. No le debía gustar el canto nocturno, los bailes solitarios frente al pintor de las Meninas, en la calle más cara de Madrid y la búsqueda de los compañeros de Juan Bravo por la cercanía de estos. Prefiere la falta de reciprocidad ocular, vivir bajo un ala más menos corta, cargar como si fuera su función.


Decidido, el próximo día, me siento a su lado a cantarla al oído a ver si consigo saber si su ropa combina también con el color de sus ojos.

4.20.2014

Mientras tanto

Mientras que termina de aparecer la obscuridad total en el habitáculo, asomado a la ventana se muestra el primer y último atardecer del día.
Mientras que las nubes parecen ir hacia la parte izquierda de tu ventana, el brillo portátil se clava en los entrecerrados ojos.
Mientras que pasa la media hora prometida, empiezas a tocar, sin guantes, el texto educacional de 1869.
Mientras que las lágrimas no llegan a salir, terminas de rellenar el papeleo burocrático.
Mientras que observas la pantalla semiencendida, aparece la noticia del gabismo como nueva teoría literaria.
Mientras se apaga esta misma pantalla, termina la inspiración social para pasar a la política enfurecida.
Mientras que bajas el toldo para que las ideas dejen de quemarse, llegas a conclusiones erróneas sobre la grafología utilizada en el modernismo.

Mientras que deberías terminar los clásicos franceses, terminas atraído por el olor culinario a Semana Santa.

4.06.2014

Vieja y Nueva Suela

Como una niña con zapatos nuevos, esa era la expresión que estaba buscando para mostrar su estado de ánimo. No podía dejar de mirar a los objetos en cuestión, no sabía si le gustaban más los recién estrenados que tan alta la parecían parecer, o esos ya abandonados y recién reparados que tanto le habían protegido durante cuatro años y dos capitales.

Los cordones ya habían sido cambiados un par de veces, la suela iba marcando cada uno de sus pasos, jamás se desgastaría. La punta terminaba con retoques profundos que hacían al par únicos, al menos en la misma habitación en la que se encontraba. El tacón ya era otra cosa, o sino que se lo digan al Señor Zapatero, según sean tus andares, el desgaste varía. Lo mío era cuestión de tacones, no había par que no estuvieran carcomidos por la parte trasera y esa era mi obsesión, buscar a gente como yo, cuyo desgaste fuera a la misma altura que la espalda. Tras varios años de búsqueda, los mismos que llevaba con el desgastado par, había encontrado a una que hablaba de aspectos internacionales, sobre la platea se elevaba a menudo y antes de terminar de preguntarle ya estaba sonriendo. Poco más sabía de él, excepto que teníamos el mismo desgaste de calzado.

Si hablamos del par recién estrenado, hay que nombrar que, tras una caída, la suela se rompió. Era de esperar de un penetrante olor petrolífero, unas siglas: PRC, una falta de entrada con facilidad la primera vez, una talla que permanece y colores que enamoran. La mirada se acercaba más a ellos según me iba alejando, conocía sus posiciones, incluso con el cambio en el periodo de rebajas. Con ellos también aprendí a ir mirando más atentamente al suelo, a que los trucs parisiens siempre te mostrarán mejor el color del suelo. Pero, más concretamente, me enseñaron a sonreír después de caer al ver la ayuda externa, las manos que se mancharon en el suelo con tal de encontrar otra que ya había sido dañada.

Ambos han visto muchas veces el suelo, han sido tirados, sacados sin necesidad de manos, dejados debajo de una escalera, luchado por no tocarse con los cordones del otro, aplastados por llegar a pesar en total menos de 23kg. Los dos saben cómo son los andares de su dueña, saben cómo evita el desgaste y que su vida sea longeva, los ayuda a conservarse bien.

Ambos representan cuatro años de encuentros, reencuentros, largos inviernos, cortas primaveras, nuevos otoños y un largo reposo estival.

3.30.2014

Puede que

Puede que sí, puede que, poco a poco, la memoria nos falle a todos, que no sepamos cuál de todos los dirigentes de gobierno ha muerto. Puede que hasta “morir” en ese sentido se utilice como una metáfora.

Puede ser que el otro día, mientras leía la página 434 de Carr (Raymond), una imagen apareciera en mi mente. Era una señal-no de tráfico-sino una en donde se señalaba qué dirección escoger. Te marcaba en la señal la peligrosidad del norte, el tedio del sur, la invitación hacia el oeste y lo hogareño del este.

Puede ser que hace solo dos semanas diera más importancia a cualquier tipo de pronunciación francesa, que Chartier me pusiera nerviosa, que cada una de las expresiones aprendidas fueran entrando poco a poco pero sin amontonarse.

Puede ser que los diarios mentales se escapen de la memoria porque son sustituidos por la recién estrenada melodía. O, incluso, que tomar notas sea inútil porque todos sabemos que la batería siempre se agota al final del día.

Puede ser que el cansancio haya sido remplazado por una serie de lecturas novecénticas, modernistas, noveochocentistas. Por contra, puede que este se encuentre aislado en una parte del cerebro intentando ser substituido por imágenes pasadas.

Puede ser que me acuerde de aquel puente, de un viaje, de un par de fotografías que podrían haber sido sacadas, de un lugar secreto, de una Cathédral, de un número 15, de un desayuno internacional, de un café que dejaba más nerviosa, de un gran armario vacío según iban pasando las semanas.


Puede que no todos los elementos sean oligárquicamente elegidos por el azar.

Puede ser que no todos ellos acaben en la deriva, al haber tomado medidas.

3.18.2014

Nation-alidades del este

La acumulación de nacionalidades, incluso fuera de la capital del mundo, continuaba.
Aparecían de vez en cuando, les escuchabas en su lengua materna, intentabas imitarla. Las casualidades se daban casi con la misma frecuencia. El examen sistemático, rápido y sencillo se complicaba según aparecía un nuevo país en la mente. Era inesperado.

Reconocías en la cafetería a la chica rumana, con pelo rubio, liso que hacía Geografía.
Tenías detrás alineada a la gemela francesa, esa que hasta hizo tus mismas asignaturas pero un año antes.
Te reconocen y se acuerdan de tu nombre a pesar de haber pasado cuatro meses la que aparece con un color de labios cada día más bonito.
Te preguntan por Historia Contemporánea para comprobar la igualdad de estudios hace más de treinta años.
Escuchas acento mediterráneo pero te pierdes entre tantos nervios por intentar recordar lo que sabes de Chile.
Un mexicano se presenta en tu camino tras haberle conocido en una ciudad que no era ni la de residencia.

Sí, algo había en mi interior que no estaba presente en mi cabeza. Podría ser la mezcla nacional, supranacional, las relaciones exteriores, las internacionales, los encuentros odeónicos o simplemente mi falta de adaptación a un entorno monótono, sin viajes improvisados, sin soirées, en donde cada vez que lees la ciudad que posee una A e I en su interior piensas en la capital española. Pero no, ese es tu razonamiento y verbalización, tu corazón sigue parte allí, junto a la número 15, escuchando griteríos, con lavadoras a las tantas, una ventana con vistas a Diderot directamente y un bus que te llevaba por el buen camino.


Las nacionalidades se perdían según avanzaba el curso del río, siempre hacia el oeste a pesar de haber comenzado en la Nation, es decir en el este.

3.16.2014

Hice letras

Ayer se me olvidó en qué parada tenía que coger el 86 pero aun así intenté que me llevara a la universidad. Allí me dejó, en medio de una calle ancha, con edificios alrededor, con esculturas en medio, parecía un edificio antiguo, tanto como para tener tejado a dos aguas, buhardillas, mansardas, tejado amansardo, ese que se puso de moda y que fue aprovechado por los más bohemios al ser el sitio más barato donde vivir.

Según iba avanzando el bus, tras haberme equivocado una primera vez, me senté en mi sitio favorito, detrás del conductor. Es la única forma en la que sientes lo mismo que él/ella. Saludas a tus compañeros que van en sentido contrario, te sientes observado por cada persona nueva en este sistema de transporte. Controlas la deuda que tienen con un coche largo y rápido por los paseos más burgueses. De vez en cuando, buscó algún que otro puente que conecte diferentes clases sociales en esta, mi ciudad. No suelen aparecer tan fácilmente, de vez en cuando, en los cruces de cebra observas la diversidad social, pero solo en ciertos barrios que estén cerca del río.
Escuché voces que salían de un hombre imaginario del autobús supuse que sería el conductor al cual no llegaba a ver por completo. La gente empezaba a desplazarse hacia el lado derecho. Hey, pero esta no es mi parada, faltan algunas otras para el fin del trayecto. Me debía de haber vuelto a equivocar de bus. Yo buscaba un múltiplo de 6 y de 10, pero a ese producto le debías sumar alguna otra cifra. Es difícil acordarse de tantos números si eres de letras, escogí Historia y no Matemáticas por algo. ¡Por qué no ponéis letras a los autobuses en lugar de números!


Continué recto, tout droit, no me quedaba otro remedio. Tras varios semáforos, minutos esperando e intentos de recordar el número, apareció el elemento que a todo estudiante de letras le alegra la vista - solo porque es fácil de recordar y no es superado por una tortuga corriendo. Sí, allí estaba un autobús con letra.

3.13.2014

El reflejo del reflejo y, detrás, el sombrero

“Con o sin sombrero.” Lo toma en cuanto el pensamiento se manifiesta en sus músculos. Juguetea con él, le da vueltas, intenta elevarlo al aire y meterse debajo de él. lo deja al lado al lado de la fuente de calor. introduce en él otros protegedores del agua de lluvia. Los saca. Coge el rojo y acaba pareciendo un Pitufo. Lo tira a la cama y vuelve a su elegante objetivo primero.

Sombrero, negro con remates, a saber, cinta marrón y botón. Lo pone en el pelo alborotado, lo recoge a un lado. Era un sombrero con forma de protección de precipitaciones pero que en cuanto entraba en contacto con el agua perdía su forma original- lo mismo que los países mediterráneos. Busca un reflejo, tanto del sombrero como del contenido debajo de él. su reflejo no era lo suficientemente bueno. Busca uno de cuerpo entero, deja un par de puertas abiertas tras de sí (más una que se cierra sola).

Vuelve corriendo a esas salidas antes que anocheciera. Estaba lista de pelo hacia arriba.


Ahora solo le faltaba una razón para estrenarlo- con el tecleo movilístico lo tenía resuelto-, un par de canciones en TSF, una cena rápida, incompleta a base de Nutella, el bolso en donde lo imprescindible es la Navigo (and go) e intentar cerrar las puertas detrás de ella.

2.16.2014

La Défense de la Nation

Una Nation que se empieza a derrumbar tras llevar en sus brazos más de 45 kilos y medio, sus extremidades superiores, la izquierda lleva dos bultos, la derecha controla la que tiene ya cuatro patas.

[A pesar de las ideas de los lectores, nuestra protagonista no tenía ningún tipo de conocimiento sobre las ideas decimonónicas darwinistas, algo le habían contado a la hora de analizar imágenes pero no hubo retención cerebral, eso solo se consigue entre chistes en el idioma materno].


Un movimiento continuo, férreo, de arriba a abajo, intentando evitar una superficie inclinada, fue ahí en donde la Nation se cayó, parte al suelo, parte a una explanada de pequeño tamaño pero fría en donde todavía quedaban restos de calzados de fabricación no-nacional.


La ayuda internacional, periférica, banlieusard, llegó intentando capturar a la de cuatro puntos de apoyo con un coup de doigt. Levantamiento sin más armas que unos zapatos que hacen daño, una almohada mal plegada y magdalenas con formas de coquille.


Nation tiene que llegar a su Défense. La Défense de la Nation. La Défense del este. El oeste de la Nation.


La Nation se recupera con la última de The National.

2.10.2014

Centralización cerebral

Yo pensaba que mi ciudad era la más pintoresca, me la ponía por montera ante cualquier posible “enemigo” defensor del agua con olas.
 
Yo, era capaz de recorrerme la línea 6, la circular, la gris (la única de la que me he acordado hasta el momento) durante todo un día en pleno mes de julio; solo por el disfrute del aire acondicionado que nos proporciona el transporte metropolitano.
Yo, que me conocía el repertorio de la mujer del este de Diego de León. Mis apuestas se perdieron por el camino al saber que tras ocho meses te conviertes tú en la cantarina del último éxito de ABBA traducido al español.
Yo, que presumía de llegar al centro madrileño a pie en menos de una hora en invierno y en una hora y cinco en verano a las seis de la tarde.
Yo, que creía que conocía el precio de los museos centralizados, que me había recorrido el triángulo del arte a lo largo de los viernes de tres meses seguidos.
Yo, que aprovechaba la existencia de mis carnés para evitar las colas museísticas a partir del atardecer invernal.
Yo, que sabía qué sacaban como novedad cada año del estanque en donde es Bueno Retirarse.
Yo, que cada vez que me pedían una foto en los parterres donde retirarse añadía a la toma la bendita torre de los patrocinadores valencianos.
Yo, yo misma quedé sorprendida por las nuevas tiendas sustitutorias de otras aún más recientes, de los olores de la merienda mientras empiezas tu paseo vespertino, por los nuevos carteles manifestantes por sí solos y, lo que es peor, de los nuevos identificantes de cada una de las personas.

2.06.2014

Esta tiene Mala Saña

Con la Mondo en la mano izquierda y la derecha rebuscando en el oscuro bolso de ¿segunda? mano con remaches en cada uno de los extremos de las correas multicolor me la encontré, sin gafas, por la calle Valverde. Siempre soñé que estaría por ella, por sus vistas, por sus comercios entremezclados, odeónicos. A la derecha está la carnicería en donde mis bisabuelos habían comprado de toda la vida mientras que una mercería con botones y parches que bien son merecidos de la mismísima Condesa  de Osuna en un retrato goyesco. Pasamos de largo, sin sonrisas, de la frutería que tantos colores variados ofrecía con sus alimentos, amarillo en la parte más extrema a la entrada mientras que los colores más cálidos, más acogedores se quedaban en la puerta.

Frenada en seco. Se me ha olvidado mirar si tienen Lamono.
- Pero, ¿la necesitas para hoy?

No hubo contestación verbal sino un cambio de rumbo, una subida del resto callejero de Valverde, un giro hacia la derecha, una rectificación con sus nuevos zapatos parisinos, esos que sonaban a vacío, y una retomada de la calle principal en sus vidas.

“Lamono, ese lujo ibérico, era esencial, los collages no se hacen solos, necesito ideas de otros, recortes de texturas, de sonidos que se hacen fotografías, de discografías que se anuncian en la segunda revista de moda. Por supuesto que es necesaria”- mirada para comprobar mi seguimiento de su explicación. Bajada de mi cabeza tras comprobar su irritamiento por la pregunta. “Y ahora vamos a entrar en Nest, que me faltan por añadir algunos detalles a mi carpeta de recortables para la posteridad”.

2.02.2014

Día 149/Día 1

Día 149 de Erasmus
El sol se ha levantado, ha salido, nos ha sonreído hasta el momento del dernier adieu, es decir, antes de anochecer. La luminosidad de hoy parecía diferente, como si quisiera demostrar que también puede existir en otras fechas diferentes a la primavera o el verano. Como si en Francia el sol también reinase por la parte norte. Como si París quisiera imitar climáticamente hablando a Madrid. Como si mi segunda capital vital intentara emular a la primera, como si intentaran igualarse.
La diferencia apareció en el madrugón parisino, con la abertura ventanal, con la neblina entrando por los cuatro costados de la única fenêtre que ha dado a luz hasta el día 150.
Pero, me equivoco, la diferencia ya se mostró en la noche anterior, cuando, después de minuit, los pájaros pensaban que había amanecido por la confusión lumínica de las farolas.
O, lo que es peor, la diferencia podía haber existido desde el cinco de setiembre, cuando, en pleno fin del verano, los sudores eran continuos pero el sol inexistente. Cuando llevar un vestido tenía que ser el complemento ideal a la chaqueta primaveral. Cuando los atardeceres eran diurnos, cuando los amaneceres eran nocturnos.
Quizá, solo quizá, la diferencia esté en nuestro interior, quizá sea una invención nuestra y nuestro afán de comparación, de superación, de igualación, de nominalización seguida de una adjetivación.
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Día 1 de una larga estancia
Los colores madrileños por estas fechas siguen siendo los mismos. Los árboles empiezan a recuperarse de un intenso y continuo invierno, algunos de ellos reciben la visita de viejos globos navideños que todavía no han sido recogidos. Las calles capitalinas se llenan de gente tras la salida de un sol que esconde la falta de calor imaginario. Sonrisas presentes, pasadas y futuras en los gatos, miradas centrales y oculares, sin peligro a ser interrogada y no sonrojada.
La habitación guarda en cada esquina sus olores, el armario está tan vacío como los parisinos, la pared continúa con su incapacidad de colgar cartes postales (habrá que encontrar los escasos huecos fenestrales para llegar al horror vacui parisino), los libros continúan estando apilados en una esquina entremezclando idiomas- incluyendo algunos del norte de Europa. La cama y el pijama guardado donde lo dejé hace poco más de veinte días, enfurruñado, mal doblado, descolocado, ignorado tras ver la existencia de la competencia.
Los golpes en las paredes, intentando llamar a tu vecina, a tu compañera, a tu oidora, a tu guardadora de secretos empezaron el día 2 de esa larga y sin fin conocido estancia. La presencia hermanal, en el habitáculo azulado estaba reglada por el número de golpes dados hasta el día 3. Allí la tenías presente, la quisieras o la necesitaras.
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Resumen
Las maletas que recorrieron más de mil doscientos kilómetros reflejaban a la dueña. Pesadas pero sin pasarse de la raya, tiradas por Eri en varios aeropuertos, aceptando ayuda pero de ciertas presencias personales, manchadas en la parte inferior por la tierra, medias, a medias, mojadas en el interior de ellas. Sin embargo, tiraron hacia delante atravesaron Bordeaux, sin divisar la tumba de Goya, a más de ochocientos kilómetros por hora y sin una manta por encima-quedaron guardadas con cariño en París- para poder soportar los menos cincuenta y cuatro grados centígrados de la superficie aérea.

1.19.2014

OnLy

Un par de meninas-con y sin pelo leonés- en la línea A, cada una hacia la derecha e izquierda (dependiendo del punto de vista político de cada persona) a una hora en donde el sol todavía no ha salido en invierno, es decir, entre las seis de la tarde y las ocho de la mañana.

Las horas de luz están contadas- habrá que aprovecharlas a través de la vidrieras de la vieja ciudad. Se puede comenzar por intentar leer un mapa al revés, por atravesar de la rive gauche a la rive droite del único río masculino que conoces, por encontrar cuál es el botón general de entrada a los hogares franceses, por recorrer con los zapatos menos cómodos la única calle medieval que queda.

Un par de clicks fotográficos volvieron a sonar en un espacio romano. Por detrás de una gran luz escalonada sonó el típico “Mademoiselles”  terminado por un “Bonne soirée à vous aussi”. Los reencuentros colegiales se volvieron plegarias thévènesianas al cielo. La parte interna de los edificios fue motor de su movimiento, una traboule la forma de movimiento, el concepto de resistencia lo que quedó en la memoria.


Forzamiento a que no sea ella misma. Descubrir que la Tour Eiffel ha sido reducida por una colina, que el metropolitano lleva nombres parisinos, que les encantaría hacer un Panthéon de Leoneses Ilustres pero eso ya lo han solucionado con los grafitis patrióticos, con el patrón masculino de Irène, con la personalidad de poseer dos corrientes continuas de agua, con poseer una butte llena de escaleras estrechas e inclinadas.

1.06.2014

LUCI(D)A

Era tarde, muy tarde, la hora concreta es difícil de determinar cuando las cortinas están entre (des)corridas. No obstante, podemos hacer una aproximación horaria. Era ese momento en que las luces automáticas del infinito pasillo tuvieron que ser encendidas por el primer paso dado con el pie derecho y ese instante en que los gritos televisivos habían sido sustituidos por ronquidos en cada uno de los habitáculos.

A pesar de la imprecisión el objetivo estaba todavía encendido, llevaba así desde el primer día que me asustó. Tenía una combinación de elementos que asustaba a cualquiera. Color blanquecino, del tamaño de un niño de tres a cuatro años, con malas y levantadas pulgas. Era listo, tenía muchas luces y estas estaban siempre encendidas, era su forma de desprender calor.

Hacia él me seguí dirigiendo, entre pelos por la cara, calcetines medio salidos en cada una de las extremidades inferiores, ojos aún rojizos tras una longue révision y media nuit blanche, pijama demasiado largo para mis cortas extremidades superiores- a los Reyes Magos del año pasado se les debió pasar mi talla de pijama.

Cogí la moderna silla de colores chillones que tenía más cercana y allí me quedé pasando el tiempo de las pocas horas nocturnas que quedaban. Debajo del objeto lucido no había elemento ninguno así que supuse que todavía tendría algunas horas para encontrar el punto del duermevela en esa noche en donde crees conocer el secreto de la Navidad- que no du Noël.

Una luz eléctrica, fugaz, con rasgos inmaculados, como un faro, un foyer, como una guía de capital mundial entró por la lejana ventana más derechista.
Otro conjunto de luces, coloridas, intermitentes, parpadeantes, que no cesaban de (entre)cerrar sus ojos la resguardaron de la obscuridad noctámbula.

1.05.2014

La gota que colmó el vaso

Llegó la gota que colmó el vaso. Había habido muchas antes y todas ellas se acumularon en ese vaso, invisible a los ojos de la gente y que tanto se notaba en los nervios y mirada de su propietario. Había habido una acumulación de gotas que provenían de diferentes partes: una de ellas la lluvia, escasa para la época del año en que se encontraban; otra era la regadera que había comprado para aumentar de tamaño las ideas vespertinas; una final fue el grifo al que tanto cariño tenía y que llevaba roto desde el primer día que lo conoció- las gotas se le escapaban por esa parte en donde orden y acción se juntan para ser una sola y llegar a la eficiencia.


Muchas de las gotas se habían ido evaporando-procesos comunes y frecuentes en la naturaleza- tanto del vaso como de la jarra de agua mediterránea que tenía al lado en todo momento (para esos momentos de desecación).

Otras gotas habían estado hablando entre ellas, sobre si quedarse o intentar escapar de ese endroit en donde vivían, parecía cómodo, habitable pero era odeónico en todos los sentidos, tanto en las representaciones teatrales que había a diario, como el lugar en donde se situaba este.

La mayoría de ellas se movían durante dos minutos justos y luego la melodía sin letras volvía a repetirse una y otra vez; son aspectos a los que te llegas a adaptar perfectamente.

Una minoría veía como parte de ellas iban cayendo, por el desbordamiento del acuífero, hacia el vacío blanquecino. Ese en donde no se ve parte de la ciudad según van pasando los días, donde los reflejos solacios se hacen cada vez más largos y donde ir en dirección contraria al río implica llevar el camino hacia el faro.


La última gota, esa que colmó el vaso, llegó una mañana, directamente a sus oídos y no se volvió a repetir. Era una gota aún más ordinaria que el resto, una tontería que solo se podría hacer en el reino en el que se encontraba actualmente y del que pasarían años para volver.

12.26.2013

Ophelia

Se llamaba Ophelia y, la mayoría de las veces, escribían incorrectamente su nombre. Las variaciones de consonantes se combinaban con vocales bien pronunciadas al azar.

Su personalidad era algo atípica, paseaba escuchando voces que salían de los auriculares en español, leía a destiempo en el primer banco que veía tras salir de su facultad, llevaba siempre consigo un bolígrafo que sabía de sobra que no pintaba, intentaba solucionar los problemas escribiendo con el dedo sobre los cristales, miraba de vez en cuando el cielo para saber el color del paraguas que debía escoger ese día, tapaba las luces de estudio para sustituirlas por farolas amarillentas.
Personalidad algo fuerte, ciertamente extraña- que no bizarra-,altamente entendible en el mundo en el que vivimos y perfectamente desechable tras haber meditado sobre ella.

Muchas veces comentaban que parecía salida de un cuadro; de un marco cuya época no era bien conocida; con tonos azulados combinados con verde de cuya mezcla saldría un perfecto amarillo; de una pincelada poco marcada, como atemperada; de una firma negruzca como las pinturas goyescas, que llega a ser difícil de encontrar dentro de la obra; de un segundo plano ensombrecido por la luz del primero.

Eso es lo que era, una composición viva en plena efervescencia, un conjunto de elementos bien ordenados guardando coherencia aunque no tanta cohesión en un mundo en donde se busca la practicidad, la eficiencia de elementos y personas-aunque muchas veces estos dos últimos no se diferencien entre sí-, la rapidez del conjunto de hechos, la inmediatez dentro de la rapidez.
Su mejor amiga, Ilusión, la deseo buena suerte antes de que buscase el fin sin saber apreciar el principio.

12.22.2013

Flora Trastamare


Flora Trastamare era una estudiante, como muchas otras, con ideas claras en la vida.

Su nombre la llevaba a recordar en viejos recuerdos de una clase con personas floreadas.
Su apellido recordaba al francés, pero todos le añadían un acento al final para que se pronunciara Trastamaré.
Ella vivía en las afueras de una capital europea, esa en donde se habla el castellano. Hacía a diario movimientos pendulares, eran obligatorios dentro de las metrópolis. El madrugar era una costumbre, una buena-mala costumbre todo depende como se vea. Los días eran largos así que entre sus elementos fundamentales siempre encontrarías un termo con café- ¡cuán inteligente es esta chica!
La biblioteca era el lugar en donde se encontraba con sus cercanos, con olores le parecían del pasado en cada una de ellas. La calle donde tenía que ponerse sus lentillas para poder difuminar la realidad. Los museos en donde las confesiones se hacían cada vez más profundas. Debía de ser cosa de los pigmentos utilizados aquel día. Los bolsos el tema de conversación recurrente para entablar amistad con los otros.

A lo largo de mi vida había conocido a muchas chicas con nombres poco comunes, extranjeros, atrayentes. Ophelia, Ofelia, Aile, Mademoiselle Pinto, incluso, Leda, la cual no me llegó a contar nunca donde dejó a su cisne. Sin embargo, son la conjunción de un nombre y un apellido lo que nos definen. Parece que nos convierte en dos personas, dos personalidades distintas pero unidas por una idea.

12.14.2013

Hogar

Pasillos con puertas a varios lados, numeradas, con símbolos puestos al azar pero siguiendo el orden occidental. Una oriental te abre la puerta, se cierra otra en el lado izquierdo que acaba de poner la lavadora. Escuchas la llave- dando doble vuelta- mientras la vida urbana se acumula entre tus sábanas. Gritan en italiano, conoces la canción- las españolas del final a la derecha te la enseñaron el otro día- intentan susurrar che pero para eso hay que hacer mucho esfuerzo. Regresas en cuerpo a la vida urbana pero esta vez serán unas luces amarillentas las que te perturban. Las puertas se siguen abriendo y cerrando pero la vida urbana te espera, recuerda la cita lundi après-midi.

La comida se llena de colores con un fondo verdinegro presente. Los idiomas se acumulan en tu cabeza aunque siempre hay cuatro revoloteando y de vez en cuando aparecerá alguno de los reductos de Europa Central- oh, no perdón, Europe mediane. No importa a quien mires, la comida es la misma, misma base, cada detalle está en los condimentos, los adherentes. Lo que nos hace a cada uno especiales.
Comienzas la conversación con la primera persona que encuentras a tu izquierda, intentas encontrar su lengua materna y saber si en algunas partes coincide con la tuya. No hay manera, esta mañana te has levantado espesa. Intentas contestar, sin pensar en una lengua concreta. La traba está asegurada, el vale confirmado y no sustituido por un pardon?

Correteas tras escuchar un piano, acompañado de guitarras y violines y más instrumentos que no llegas a ver- las gafas como siempre se han quedado entre la vida urbana- al que se le unen al unísono voces entonan lo que se conoce como villancicos o Christmas Carols o chants de Noël o me está entrando la morriña mejor abandonar el foyer por un tiempo.

12.08.2013

Entradas

Observando se comprende a la gente. Primero miras, luego observas y, por último, intentas imitar- sino te han transferido antes sus gestos.

El otro día me encontré a una niña que cada domingo cumplía una rutina. Era el único día en el que no se tenía que preocupar en que su madre la llevara a tiempo al colegio en el bus número 64, en el que no tenía que compartir su merienda con su amiga del año pasado, en el que no pisaba ese suelo del patio de color marrón.

Cada domingo vestía sus mejores vestidos, esos que le había comprado su madre para ocasiones especiales- como era cada séptimo día. Recorría parte de la región parisiense para ser de las primeras y, así, evitar las colas que forman todos los turistas a diario. Pasaba la mayoría de los museos, los iba dejando a las dos riberas del Sena, cruzaba cada uno de los puentes tras varios intercambios, primero divisar la rive gauche para acabar en la rive droite. Ahí estaba su destino.

Tuileries madrugaban cada domingo para recibir a los parisinos, a los caminantes parisinos. De entre las dos cuestas que poseen los jardines escogía la que más se acercaba al río- por eso de tener mejores vistas- entraba en el edificio y con acento inglés pedía cómo entrar al lugar en donde la naturaleza de Fontainebleau sigue viva. Le acercaban a la mano su entrada y la guardaba como un tesoro. Eso era lo que llevaba esperando cada domingo, la entrada en donde se veía parte de cada una de esas naturalezas, la entrada en donde escuchabas el piano de las hijas de Renoir, la entrada donde el cubismo picassiano se comenzaba a formar y donde Derain es un nombre conocido para quien la posee.


La colección se ampliaba cada domingo y su pared cada vez parecía más contemporánea artísticamente hablando.

11.30.2013

Apporter tous ses soins à une chose

¿Cómo distinguir una ciudad de otra utilizando los sentidos? Sonidos isleños, miradas odeónicas, contactos espontáneos,  olfacción romana, gusto mabilónico.

Oído
Tranquilidad parisina para tus oídos, olvídate de claxons callejeros, de buses en ruelles. Ella estará presidida por una mezcla de criaturas, a saber, cisnes esperando emprender el vuelo, mendigos resguardándose del frío, esculturas realizadas tras la Comunne de Paris, mercados de flores en cada esquina y, además, observarás a Nuestra Señora pero sin llegar a ella.
Sientes una presencia que te es extraña, San Luis está presente en la isla.

Vista
Encontrar el reflejo de un flâneur entre el Sena y el Musée d’Orsay. Las condiciones tienen que ser exactas: noche profunda, bateaux mouches paseando a la par que tú pero en sentido contrario, luces encendidas al máximo voltaje.
Memoria preparada para recordar el instante cuando te ves en la façade esperando ser encontrada por otros.

Tacto
Adaptación cultural cada vez que tienes un reencuentro odeónico, fouille dans ton sac pour trouver les nouvelles adquisitions parisiennes, movimientos personales innecesarios en cada trayecto.
Serre-moi la main, nous sommes à Paris.

Olfato
Dependencia de tu concentración al salir de tes cours, de cuánto pesen los libros del exposé  de ayer, de cuántas veces hayas contado los tejados presentes en el castillo de París que así encontrarás un olor de frigidarium que no debe ser confundido con el tepidarium ni aún menos con el caldarium.

Gusto
Elección de étage que así tendrás más o menos tiempo para deleitar las vistas edificantes, Chopin quizá te acompañe mientras terminas viendo tu reflejo en un vaso de plástico y pides con la mirada el rellenar una jarra de agua.
Sabores franceses del mundo.

11.25.2013

Las salas

Entre trampantojos, trompe-l’oeil, bustos de personajes importantes- sí, sí como en los museos-, lámparas con bombillas de bajo consumo y letreros en donde se marca la salida de emergencia tendrás que buscar algo en el idioma en el que piensas.

No será fácil pero tienes algunas características que ayudan: los sillones son cómodos, las sillas son de reciente implantación en medio de la sala que aún huele a pintura en proceso de secado, las mesas son de madera maciza- hasta parece que en la parte inferior sale algo de calorcito- y lo que es mejor, los libros huelen a antiguo, a siglos esperando ser leídos.


Sientes las miradas de diferente tipos de gente. Personas quietas con la mirada fija en su ordenador, otras que mueven la cabeza inconscientemente al ritmo del clásico reproducido en Youtube y algunas pocas que llevan siglos viendo cómo de ahí han sacado las últimas teorías en letras. Intentas levantar la mirada y te da miedo a encontrar otra que haga lo mismo pero detrás de ti y que no lo puedas reconocer.

El supuesto calor que encontrabas entre la Larousse va desapareciendo para dejar paso al frío conocimiento sobre las técnicas. Buscas una puerta, encuentras un escalón, no dudas, lo subes. Sabes que acabarás en Labrousse.

11.17.2013

Anda, no duermas

Anda, no duermas  que ya hemos llegado a Place d’Italie. El camino a casa cada vez parece más corto. Pero ten cuidado, hay una pareja que están armando jaleo. Además, ya sabes, ya es demasiado tarde para andar por allí sola, sin alguien que te proteja. Aunque bueno, caminando se descubre el mundo y en estas fechas las luces de Navidad se quedan toda la noche cumpliendo el cliché de esta ciudad.

Anda, no duermas que tu compañero necesita ayuda con los pasatiempos nocturnos. Además, a la canción siguiente el disco se acaba.

Anda, no duermas que todavía el penúltimo tren no ha llegado. Me parece que por el fondo del vagón estoy escuchando a unos turistas que hablan en su lengua materna.

Anda, no duermas que el señor de enfrente quiere salir a la siguiente parada. Hasta nos hemos colocado en el lado más cercano para salir directamente por la puerta de sortie. Ya nos conocemos todas las puertas que contienen algo más allá de su presencia.

Anda, no duermas que se escuchan un par de tacones que se han unido, al final, a la fiesta. Pobre, lleva medias con el frío que hace fuera y lo a gustito que se está por aquí dentro.

Anda, no duermas que te estás cayendo. Anda, no duermas que te están mirando. Anda, no duermas que sucederá una coincidencia. Anda, no duermas que te acaba de acompañar otra buscando a Orfeo.

Anda, no duermas que parece que hemos llegado al final.

11.15.2013

Le dimanche

El domingo es el día francés, de los parisinos, de salir a la calle, de encontrar el mercadillo más cercano, o el más lejano según cojas el metro esa mañana,  de comprar antigüedades, de encontrarte con la persona que estaba el día anterior cenando a tu derecha, de caminar por los elementos más representativos de lo que consideras como una ciudad cualquiera- mientras tu subconsciente te delata al pensar lo bien decorada que queda durante la Navidad.

Los domingos el metro se llena de parisinos. No importa tu nacionalidad, si tienes alojamiento en París y alrededores eres parisino. ¿Qué otra cosa podrías ser? La línea 1 es tomada por el pueblo, esos que conocen los sonidos de cada estación, el de Bastille y Nation se parece bastante, sonido intermitente durante un minuto. Ese itinerante que hace concentrarse en lo que es realmente lo mío.
Los domingos se busca la tierra, la luz. De ahí la gran presencia de gente en las líneas de metro que salen a la superficie. El aire sano entra por las ventanas entre abiertas (no importa el tiempo que haga fuera), Sacré Coeur queda a la derecha en la quinta parada de la línea azul verdosa. La noche cae en cuanto dices Bonsoir en la 2, encuentras el edificio parecido a ese museo de Arte Contemporáneo que tantas veces te ha llamado la atención, observas en silencio al igual que el resto de parisinos la explosión fluvial de las últimas semanas.
Los domingos es el día de las conclusiones metropolitanas, a saber, la línea 3 ha muerto, la 10 no posee combinación alguna. En la 8 es donde comencé a escribir y en la 14 es donde se acaba el mundo. Son 4  las líneas que me llevan al mismo sitio pero en distintos tiempos, habrá que buscar la eficiencia entre todas ellas.

Los domingos los turistas, pickpockets, carteristas y avisos por megáfonos de control de tus affaires personnelles parecen no estar presentes, como si no se repitieran tanto como el resto de los días (supongo que quien los controla tendrá el día libre). Es el día en que puedes permanecer en tu asiento hasta el último segundo, disfrutar de la comodidad del asiento, de la diferencia de distribución dependiendo de las líneas, de los cantarines con acordeón bien afinado a pesar de sus años.

Será el domingo el día de los amontonamientos en las puertas y el vaciamiento de los pasillos. De la abertura a la integración social y la salida de espacios no rellenos.

10.30.2013

Reflejando sorpresas

Estaba claro en dónde tenía que suceder. La hora ya era otra cuestión; una cuestión de detalles. Pero estaba claro cómo se iba a ver: en un reflejo. En un reflejo de la realidad. Porque cuando suceden las cosas que tanto tiempo llevabas esperando aparecen sin más en la vida. Sin esperártelo, como si fuera una sorpresa. Una sorpresa de la vida.

Los reflejos no importa en donde, en espejos (los recién estrenados de los baños de la primera planta), en cualquier cristal del autobús denominado en nuestro lenguaje como “G”, o en una cuchara a la par que perdías la mirada tras darte cuenta de la realidad.

La realidad está medida en reflejos, en donde cada uno decide encontrarse a sí mismo. A sí mismo y a la gente que da sorpresas a lo largo del día.

10.29.2013

Let’s do it

La música fluía sola. Es que solo con cerrar los ojos lo sentías en tus oídos, en las manos. Empezaba un movimiento automático en conjunción entre pensamiento, extremidades superiores, inferiores y boca pronunciando cada una de las palabras en ese idioma que te suena, pero no llegas a comprender.

Soudain, tienes un piano de los años 1920’s delante, un recuerdo de una película en la retina, un paseo por el Sena, unos tacones que no te dejan caminar bien por el empedrado. Una sensación de algo ya vivido, una emoción de felicidad, unos deseos de gritar por Montmatre. Aunque haya hombres que se te acerquen, preguntando por paradas de bus inexistentes.

Gritos que se combinan con las notas que continúan en tu cabeza. Las notas del concierto de ayer, ese que parecía estar en la habitación que está al lado de la tuya. Habitaciones que se juntan según va pasando la noche, saltas de una a otra con una simple canción tocada con un acordeón- a poder ser la Vie en rose. Rosa del pintor que crees encontrarte en el Moulin Rouge. Rojo es el atardecer que me pierdo por estar yendo en dirección contraria.

Contrario es el camino que me trajo hasta aquí.

Aquí= París. Ici= Paris. Here= Paris

10.28.2013

En train de chercher la rue

Se puede decir que todos controlamos de nuestros temas. Sí, esos de los que tanto nos gusta hablar siempre que andamos con amigos de toda la vida o recién conocidos, inmigrantes o emigrantes, defensores de la política o de la cultura.

El tema de conversación que siempre saco con mis amigos es algo curieux. Únicamente si vives cerca de una ciudad lo comprenderás, si observas a diario sus estampas metropolitanas, si buscas por esa metrópoli sus emblemas en lo alto de la colina por donde pasa el tren, si pillas el bus sin saber un destino concreto, si llegas tarde porque el tiempo se perdió por Avron, si comienza a llover y buscas brasseries en donde esconderte.

Mi tema de conversación favorito es el contar las calles por lo que se encuentra en ellas. Saber lo que buscas y apuntar el número en donde te tienes que bajar.

No es la primera que esa se desvía a la derecha.
La segunda tampoco que me recuerda demasiado a Roma.
La tercera parece una gran avenida.
La cuarta se corta en cuanto te introduces en ella- maldita sea, con lo bonita que era.
La quinta parece un bazar que acaba siendo en un mercado.
La sexta, sabía que tenía que ser esta- ¡cómo no va a ser si paso a diario por ella!, ¡qué cabeza la mía!  

Todos encontramos nuestra calle, la que nos define, en la que nos sentimos a gusto, en la que no tenemos que hacer trasbordos, en la que buscamos carrefours, en la que sentarse a dibujar durante una media tarde (que aquí anochece muy pronto). Esa, es esa la rue.

Penúltimo

El penúltimo. Siempre le gustaba repetir ese sustantivo en cada frase en la que se podría introducir. À savoir, hoy ha sido la penúltima vez que pasee por una calle con tanto tráfico matutino. Ayer me regalaron la penúltima entrada para ver el concierto de jazz en el barrio de moda. La carrera de esta tarde para pillar el metro será la penúltima en mi vida. Lo he decidido.
Esa era su idea, la que rondaba siempre por su cabeza, ser la penúltima vez cada vez que hiciera algo.
El saber cómo lo conseguía ya era una cosa de su propia persona. ¿Cómo sabría cuándo había sido la anterior, y la última? Y,  ¿si quería repetir, qué tendría que hacer? Entonces ya cambiaba el orden de todo. Bueno, pero ese era su asunto.
Hasta que llegó el día. El día en que una ciudad cambió una penúltima vez por un no añadir esas palabras a cada oración.

10.16.2013

L’inspiration

Comienzas a escribir y no sabes cuándo terminar, te da igual el tiempo, el espacio-aunque si tienes vistas a la Tour Eiffel mejor que mejor, las ganas del resto de comer, las ansias por caminar por las calles a midi. Es un mundo paralelo que cuesta entender, claro que cuesta- tanto dinero como esfuerzo.
Porque empiezas en cualquier parte pero nunca sabes dónde acabará el escrito, el ensayo, la disertación, el cuento, la historia, le morceau.

Coges inspiración de otros, de la meuf que escribía sentada apoyada en su bolso de tercera mano en la línea 2 a cualquier hora. Del reflejo metropolitano del escritor zurdo. Del atisbo espontáneo en el aire intentando rectificar lo dicho hace escasos segundos. Del vaivén de las cabezas mientras escuchas por megafonía palabras incomprensibles-izquierda, derecha, derecha, izquierda. Del amontonamiento de feuilles que observas cada día que pasa por tu agenda. Esas cosas que tienes que hacer en el futuro (espera que agenda quería decir eso… –¡Ahhh! Ya entiendo su significado). Del movimiento repetitivo masculino con el pie izquierdo mientras hablas con tus camarades- para que luego digan que los hombres no hacen dos cosas a la vez).

Todo intenta ser inspiratorio pero poco lo consigue. No obstante, el otro día encontré la clave : Todo depende del cuaderno en donde escribas, si hay tachones, si hay ideas sueltas, si encuentras los viejos pensamientos adolescentes en él; entonces ne te tracas pas-ne t’inquiètes pas- tienes la inspiración asegurada (pero eso sí, solo hasta medianoche).

9.30.2013

Sonidos metropolitanos

Todo sigue sonando como antes.

Me refiero a algo más que a los acordes del piano de la esquina. Los acordes que vas practicando en el metro distraída.

Al agua cayendo de arriba a abajo- ¿cómo sino iba a caer? Agua con Ateneas, con Nike (pas Naiki) sedentes, estatuas paradas. Como si fueran ellas las que sacaran el agua de alguna parte interior.

Al desbloqueo mental y físico al introducir la clave correcta. Derecha, izquierda, arriba, abajo. Esa es la clave, el recordarlo siempre.

Gente corriendo, timbres de bicicletas mientras que te apartas de una sola pasada.

Tazas chocando con café, leche y un plato debajo. Cuchara en mano y azúcar rematando.

Agua sobre la cabeza, el escaparate, el sombrero, el paraguas, la piedra que lleva desde el siglo XII, el kiosko que nunca ves abierto, la rueda del bus rozando con el asfalto… y el agua.

 

Sonido de ciudad lo suelen llamar. Sonido metropolitano lo prefiero denominar.

9.23.2013

Lista de cosas a hacer

 

Encontrar en el mapa la entrada principal.

Encontrar La Poste más cercana.

Intentar caminar por el Barrio Latino sin caerse por los adoquines.

Cambiar los tacones por las deportivas cada domingo que salga el sol.

Intentar parecer una francesa al estar en la bicicleta.

Preguntar a cuánto está el kilo de patatas.

Pensar qué hacer de cena para pasado mañana que vienen los invitados.

Hacer un amigo holandés.

Apuntar el número de teléfono de ese apartamento.

Conocer las iglesias de punto de reunión de los extranjeros.

Escuchar música mientras vas en el metro.

Contar el número de ambulancias que pasan en una hora enfrente de mi ventana.

Recoger los recortables para terminar la portada de la agenda 2013-2014.

Llegar tarde a una clase diciendo: Désolé je suis en retard

Intentar llegar antes que el bus a la próxima parada.

Detenerte entre el tráfico.

 

 

Y … dormir- al fin.

9.14.2013

Porque

Porque todo tiene su significado oculto. Toda moneda tiene su revés. A todo se le puede dar la vuelta. 
Porque los clichés siempre se cumplen pero con excepciones. 

El sueño se vuelve realidad en el momento en el que das tu primer paso, en el que adelantas el pie elegido para levantarte bien o mal. 

Las supersticiones aparecen, hablar del futuro es tontería y aún más hoy en día. 
Porque lo que parecía imposible, si no lo pronuncias, no se cumplirá.

Porque toda causalidad tienen una casualidad y porque París seguirá siendo París en ese futuro innombrable. 

8.09.2013

People are People

Vuelve una vez y otra sobre sus propios pasos. 
Busca lo que sea. Todo lo toca pero todo le es extraño. 
Cambia de sitio lo que acababas de colocar. 
Habla a todas horas. Grita cuando puede. Pregunta repetidas veces. 
Se viste y desviste cuando las mayores no le observan. 
Camina buscando ayuda, te da la mano estés yendo por delante o por detrás.  
Dibuja cuando quiere aunque todo lo que imagines está hecho por la misma persona. 
Guarda tesoros y los busca por todas partes. Da igual qué tipo de objeto es; eso es un tesoro. 
Cuenta y recuenta: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7. 
Sonríe en cuando le dices su nombre. Jo, si es que no dejan de decir mi nombre: María, María, María y una vez más María. Todo el día igual. Enorgullece con su belleza. Presume de lo poco que tiene. 


Porque el tiempo pasa para todo el mundo. Pero ante todo, hay que cuidarla, es buena persona.

7.23.2013

A toast

Brindemos pues por el atardecer que nos dejó entrever las pequeñas motas rosas del cuadro actual de Monet.
Por la confusión de los árboles en plena carretera con el skyline madrileño.  Por el malentendido de los tejados a dos aguas como si fueran desgastados montes de la sierra madrileña.
Por los mangas verdes colocados en una fila cual hormigas vistos desde la lejanía.

Por el tik fotográfico repentino durante el duermevela. Ese que te desvela con las noticias.
Por el subconsciente que llega a su camino a la persona consciente.

7.07.2013

Lo escondido tras el simbolismo

Maldecir al simbolismo era una de las costumbres cada vez que leía el relato. Estaba tan lleno de esa corriente decimonónica, aunque ahora presente en otro siglo, que lo único que podía hacer era estallar en metáforas tras su lectura.

Recursos literarios, recuerdos escolares, música universitaria. Hiciera lo que hiciera, volvía al simbolismo, a guardar su verdadero significado tras una cortina de letras unidas guardando coherencia, cohesión y adecuación. Daba igual, solo lo entendería el que estuviera en su mente, dentro de ella, intentando encontrar el significado de lo pronunciado, la importancia de los detalles, las miradas, la búsqueda de la palabra adecuada, los días malgastados en esta búsqueda.

 

La vida está llena de símbolos, no solo en lo imaginario, en lo onírico, sino en la vida paralela a nosotros. Esa que inventas mientras miras hacia el infinito mientras que superas el recorrido diario. Esa en donde te pones tus metas, tus objetivos que pronto parecen desaparecer disipados por unos nuevos renovados. Esa en donde dejas que suene el disco de fondo mientras enlazas tus lazos futuros. Esa en donde comprender el verdadero sentido de la vida. Esa que un día se presenta de repente y no puedes obviarla.

Esa en donde creas la vida.

7.04.2013

Composición

Cambias de perspectiva y todo parece otra cosa. Una mesa es plana, un perro es el centro de la composición, los canales parecen más cerca de lo que pensabas.
Te acercas y el reflejo no te deja ver perfectamente. Te alejas y te chocas con la nada. Te extraña esta ausencia de gente alrededor, de paseantes, de flâneurs. Tu sueño cumplido, pasear solo por el Paseo de Recoletos, gritar que te encanta el hijo de Aureliano de Beruete, que te sientes parte de la familia de Madrazo cada vez que le ves de refilón mientras que correteas.

Te llevas parte de ellos a tu casa, parte de su personalidad imprimida en papel. Su carácter, su tristeza negra, su calor de incendio, su hundimiento entre tierras movedizas. Su carácter orientalizante, la facilidad de conquistar con la mirada.
Los objetos ordinarios comienzan a ser objetos de estudio fotográfico, la manzana, la de Paris y la del belga. La foto mientras que pintaba en el agua el cuadro recién donado, la copia de retratos como la moda francesa de comienzos del XIX.  El marco original utilizado por el artista y traído desde el sitio exótico que acababas de mirar en el mapa.

Lo que verdaderamente será tuyo no es solo la capacidad de observar con otros ojos, no es la libertad de sentirte como un solo paseante, no es el estudio de cada uno de los autores. Lo tuyo son las cuestiones sobre lo conocido, las preguntas abordadas, las anotaciones al margen de la hoja, los nombres impronunciables, las relaciones forzadas. Eso es lo tuyo, lo que entiendes como algo de las élites que llega a todo el mundo.

6.05.2013

Anda, duerme

¿Los sueños se cumplen? Me refiero, esos que aparecen mientras reposas la mirada en tu almohada. En los que sientes cada roce, palabra, cada mirada desviada.
Esos en los que siempre te levantas asustado, buscando las gafas para aclararte las ideas como si viendo la realidad fuera a cambiar, de repente, tu subconsciente.

Lo onírico se mezcla con sonidos de llaves saliendo del bolso, con botas haciendo explotar en miles de gotas cada charco, en dedos que se encuentran en la calle, en el tacto de los bordes de una vieja postal guardada entre las cosas preciadas.
Solo en ellos se crean batallas imaginarias entre reyes no diacrónicos, clasificaciones de cuadros de autores no conocidos hasta entonces, canciones de tiempos que siempre han parecido ser mejores, libros que solo se encuentran en aquella librería descubierta mientras olvidabas el no poder dormir.

Elementos reales mezclados con lo onírico. Pero, ¿y si fuera al revés? El mundo se deja llevar por nuestro interior, por nuestras ideas, por lo irreal, por lo subreal. Todo aquello que se pueda introducir dentro de las ilusiones, las sonrisas, los guiños, las palmaditas en la espalda, los silbidos irreconocibles, los despertadores a tiempo, las preguntas interesantes, las reflexiones contadas al aire.

Parecía como si la sociedad se dividiera en dos: los que dormían por las noches y los que lo hacían por la mañana.

5.14.2013

Todo

Tan abasto daban que lo deseaban todo. Conocer todo, saber cómo reaccionaría el todo. El pueblo, la multitud congregada, los entes vacíos de sí mismos pero llenos cuando se congregaban.

 

Parecía una cita, todos en sillas, atendiendo a las horas, el tic-tac del corazón irrompible. Mirándose los unos a los otros pero sin salir de su jaula. Las paredes parecía que se iban empequeñeciendo cuando más se acercaban al centro hasta el punto que no podías tener una visión panorámica de ellos.

 

Era el día de las canciones que recordaban al pasado, al 54, al 68. Los himnos los llamaban. La prensa se hacía eco de lo que había pasado. Parecía la noticia que estaban esperando las culturas reunidas.

 

La risa prohibida se empezaba a desvelar ante la muchedumbre.

5.10.2013

¡Listo!

Todos rectos, sin moverse, centrados en escuchar el sonido del flash. Era el quinto intento y parecía que habría otros cuantos más.
Aquel sonido era inconfundible, desde el siglo XIX escuchándolo, ya habían tenido tiempo para acostumbrarse.
Sonrían, ¡listo!
Todo parecía que iba como antes, el orden familiar, la jerarquía animal, la sociedad que parece mover el mundo, los políticos continúan en su estandarte, su lugar, cumplen su papel, figuran ante la sociedad.
El pueblo se mantiene firme ante los cambios, parece que solo son naturales, no sociales, mejor no saberse adaptar. Dejemos a Darwin de lado, la adaptación está pasada de moda. Adaptase es de cobardes. Continuemos con lo establecido por nuestros antepasados, no lo hicieron tan mal, inventaron la cámara fotográfica, eso nunca puede ser malo.

Tras un intento fallido llegaba otro, igual o peor que el anterior. Parecía como si las cámaras analógicas no sacaran lo mejor de las personas. Como si se necesitara un cambio y avance. Sin duda alguna había que comprarse una digital.

5.04.2013

Aile


Aile giraba y entraba en pánico. ¿Me siento o me quedo de pie? Mejor pensar en alemán e intentar tener la misma mente cuadriculada, racional.

Agitado, no revuelto, le comentó a la persona de su lado. Es una buena frase, ¿no crees? La conversación tomaba el ritmo que Aile deseaba.
Es de James Bond, ¿verdad?
Bingo. Así que tú también eres una persona cinéfila.
Kind of
Una políglota comprendía cualquier idioma en que le hablases, parecía que había nacido para ello pero no para estar detrás.

Aile continuaba con la pajita del Frappucino entre los labios. Llevaba vacío varios minutos pero servía como excusa para perder la mirada por entre los cristales. Sus ojos se fijaron en el vaivén de la calle, los coches que acaba de aprender a manejar, la de kilómetros que podría recorrer con él. Lo lejos que podría llegar en la vida. La de personas que se encontraría por el mundo. Su destino estaba ya marcado, Aile solo tenía que seguirlo.

Abandonó su Frappucino en la primera papelera que encontró, dijo Bye, bye calzó sus manoletinas con un vestido a juego y reservó sitio en su vida para las personas que siguieran su camino.

Azul sobre marrón


Vuelves y te vas, como el Guadiana. El barrio seguía en su sitio, la casa en la misma calle, el pelo en su sitio aunque cambiando de aires cada año.  Mientras tanto intentas poner en orden la novela que escribiste en aquella calle en donde te miraron a los ojos. Aquella donde se tropezaron aquellas gafas azules debajo de ojos marrones. Bendito tropezón tonto.

Malasaña encontró tu sombra, tus páginas, tus descripciones, tus esquinas, la plaza, los olores, los colores que pintarían tu vida, los sinsentido que acaban cobrando coherencia en tu mente y cohesión mientras son pronunciados.

Dicen que eres simbolista, que aparece muy bien reflejado en la novela, que no te entienden, que creen que vas a sacar una segunda parte explicatoria de la primera, que quieres hacer negocio con ella. Parece en el diálogo de la página 28 que prefieres las vanguardias antes que los movimientos del siglo XIX. Me confesaron que alguna vez te preguntaron qué era la historia moderna,  que si ahí estaba el art nouveau. Dar explicaciones no era tu fuerte, preferiste transmitir la respuesta en el libro.

Aquella fue tu locura, el acabar buscando simbolismos en las hojas, letras de tus páginas en las fuentes, vida en las plazas, adarves por la noche, ríos en tierra de secano, tropezones sin gafas.

Cuando miras a los ojos, todo cambia.
La calle la ves más estrecha, los balcones más anchos, las flores con mayor reflejo brillante por el cielo encapotado, la máquina de escribir como algo mundano que no muestra tus verdaderos sentimientos. El orden de los sentimientos se confundía entre la ficción y realidad.

3.20.2013

Impresiona


Todos nos creemos que vivimos con una tabula rasa continua. Almacenamos aunque, con el tiempo, lo olvidamos, y lo recordamos a los pocos meses, pero desintegrado, roto, suelto, inconexo, resquebrajado, fracturado.

Creemos que nada se nos quedará en la memoria, solo esas sensaciones, las percepciones sin relacionar con nuestros antepasados y nuestros progenitores. A pesar de eso, allí lo encuentras. Aquel verano del 83, aquella fotografía entre libros que conservan el olor de tu estantería.
Allí, estaba, guardado y siempre conservado, más bien reservado para cuando la reminiscencia volviera, para cuando lo intentaras volver a tocar.
Cambias de escenario, horario, estación del tiempo, ropajes, gafas, estilo de vida, acompañantes. Pero se siente por todo el cuerpo, es lo mismo, el mismo pensamiento razonado y simplificado. Lo que observas o mejor, contemplas embelesado,  es parte de ti mismo, es el arte creado por el propio arte, la búsqeuda infinita de la belleza en un simple cuadrado, rectángulo, o cartón.

La realidad no se observa, se impresiona porque la realidad, impresiona.

3.05.2013

¿Intentas imitarla? II


Las ideas vienen y van, se quedan o se guardan y no se rescatan. Esperan ser sacadas de la sombra en donde siempre han estado.
Ensombrecidas ideas decían los escritores, ideas oscuras escribían los más novelescos, perdidas ideas dialogaban los más teatreros.

No importa lo que sea, cualquier cosa, esa idea descabellada que tuviste mientras jugabas a los castillos en la arena con cuatro años. Aquella que consistía en echar agua a la recién terminada escultura de arena.

Esa en donde tú pretendías avanzar más allá del género humano, de la especie a la que perteneces pero te ves pisada por ella. Sí, igual que terminan los ilusionados castillos soleados y pisoteados.

Aquella que se te ocurre mientras que la canción escogida quiere. Aquella sentada con la mirada perdida mientras tienes al profesor llamándote por el nombre equivocado. Aquella que la gente se apropia, sí, sí, como si fuera suya y no la hubieras tenido antes tú.

Las ideas no se escogen, no se buscan; son ellas las que te encuentran, las que llegan al intelecto, las que desean poder hablar, tener voz y convertirse en palabra, habitar entre nosotros.

Nuestro mundo no se mueve por dinero, ni por rentabilidad económica, ni por las cíclicas crisis, ni por el arte, la cultura, el lenguaje, la etimología, los números aplicados a una fórmula. No. Se mueve por ideas humanas. Ahh, y por sonrisas.

2.26.2013

Culturalmente hablando


La inspiración es nocturna llevaba escuchando toda su vida en su casa. Nocturno es el misticismo, las conversaciones trascendentes, las lecturas rápidas de artículos extensos, las confesiones tras varias copas de agua.

La Historia siempre da vueltas formando círculos le confesaron una de esas noches. Su escepticismo se superaba cada segundo que pasaba y lo comprobó. Se topó con la realidad. Todo hecho antes había sucedido, solo tenías que hacer Historia comparada.

El tiempo pone a todo el mundo en su lugar, llegó a la conclusión tras llevar a cabo el método científico aunque aplicado a una de esas humanidades que estaban desapareciendo, que era un reducto en la sociedad. El arte debe tener un significado ya dado, descontextualizado, sin uno de esos marcos que siempre se le ponen alrededor. La cultura está marginada, machacada como se hace con la publicidad dada por las calles. Esa que tiras a la primera papelera que ves, de esa que te aprovechas los descuentos. Esa estudiada políticamente, sobre todo la importancia de su ciclo de vida.

2.21.2013

Ma cité. Cluny- La Sorbonne


Sin dudarlo cogió lo que le había dado la buena noticia y se puso a buscar palabras en francés, parecían inconexas aunque en la mente de una persona siempre todo lo parece. El mundo lo es, la vida lo es, ¿por qué no unas simples palabras?

Sabía lo que buscaba y supuso que le costaría trabajo, el francés no era fácil, se creía todo el mundo que se parecía al español. Oh là, là, ni mucho menos, ma chérie. Años de estudio, años de investigación con lo mismo que le había dado la alegría del día. El francés no son simples palabras bonitas que aprendes en canciones, no es la chanson française.

Introdujo en la búsqueda las palabras que deseaba, prochaines expositions Musée Orsay, comprobar lo que le esperaba y con el horario que esperaba. Se puso a calcular las horas que aprovecharía en cada uno de los museos pero especialmente en el anterior al mejor de ellos. Cada una de las horas que malgastaría pensando cómo mejorar el trayecto en bicicleta sin tener que cansarse en cada una de las cuestas.

Se veía dentro de las prochaines expositions Musée Orsay, bailando en medio de ellas como lo hacían las Danseuses de Degas, corriendo por el Moulin de la Galette,  imitando la posición de la mano del Penseur.

Así, había pasado parte de su vida, hasta que se despertó en la parada anterior a Cluny- La Sorbonne.