2.06.2014

Esta tiene Mala Saña

Con la Mondo en la mano izquierda y la derecha rebuscando en el oscuro bolso de ¿segunda? mano con remaches en cada uno de los extremos de las correas multicolor me la encontré, sin gafas, por la calle Valverde. Siempre soñé que estaría por ella, por sus vistas, por sus comercios entremezclados, odeónicos. A la derecha está la carnicería en donde mis bisabuelos habían comprado de toda la vida mientras que una mercería con botones y parches que bien son merecidos de la mismísima Condesa  de Osuna en un retrato goyesco. Pasamos de largo, sin sonrisas, de la frutería que tantos colores variados ofrecía con sus alimentos, amarillo en la parte más extrema a la entrada mientras que los colores más cálidos, más acogedores se quedaban en la puerta.

Frenada en seco. Se me ha olvidado mirar si tienen Lamono.
- Pero, ¿la necesitas para hoy?

No hubo contestación verbal sino un cambio de rumbo, una subida del resto callejero de Valverde, un giro hacia la derecha, una rectificación con sus nuevos zapatos parisinos, esos que sonaban a vacío, y una retomada de la calle principal en sus vidas.

“Lamono, ese lujo ibérico, era esencial, los collages no se hacen solos, necesito ideas de otros, recortes de texturas, de sonidos que se hacen fotografías, de discografías que se anuncian en la segunda revista de moda. Por supuesto que es necesaria”- mirada para comprobar mi seguimiento de su explicación. Bajada de mi cabeza tras comprobar su irritamiento por la pregunta. “Y ahora vamos a entrar en Nest, que me faltan por añadir algunos detalles a mi carpeta de recortables para la posteridad”.

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