3.16.2014

Hice letras

Ayer se me olvidó en qué parada tenía que coger el 86 pero aun así intenté que me llevara a la universidad. Allí me dejó, en medio de una calle ancha, con edificios alrededor, con esculturas en medio, parecía un edificio antiguo, tanto como para tener tejado a dos aguas, buhardillas, mansardas, tejado amansardo, ese que se puso de moda y que fue aprovechado por los más bohemios al ser el sitio más barato donde vivir.

Según iba avanzando el bus, tras haberme equivocado una primera vez, me senté en mi sitio favorito, detrás del conductor. Es la única forma en la que sientes lo mismo que él/ella. Saludas a tus compañeros que van en sentido contrario, te sientes observado por cada persona nueva en este sistema de transporte. Controlas la deuda que tienen con un coche largo y rápido por los paseos más burgueses. De vez en cuando, buscó algún que otro puente que conecte diferentes clases sociales en esta, mi ciudad. No suelen aparecer tan fácilmente, de vez en cuando, en los cruces de cebra observas la diversidad social, pero solo en ciertos barrios que estén cerca del río.
Escuché voces que salían de un hombre imaginario del autobús supuse que sería el conductor al cual no llegaba a ver por completo. La gente empezaba a desplazarse hacia el lado derecho. Hey, pero esta no es mi parada, faltan algunas otras para el fin del trayecto. Me debía de haber vuelto a equivocar de bus. Yo buscaba un múltiplo de 6 y de 10, pero a ese producto le debías sumar alguna otra cifra. Es difícil acordarse de tantos números si eres de letras, escogí Historia y no Matemáticas por algo. ¡Por qué no ponéis letras a los autobuses en lugar de números!


Continué recto, tout droit, no me quedaba otro remedio. Tras varios semáforos, minutos esperando e intentos de recordar el número, apareció el elemento que a todo estudiante de letras le alegra la vista - solo porque es fácil de recordar y no es superado por una tortuga corriendo. Sí, allí estaba un autobús con letra.

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