3.18.2014

Nation-alidades del este

La acumulación de nacionalidades, incluso fuera de la capital del mundo, continuaba.
Aparecían de vez en cuando, les escuchabas en su lengua materna, intentabas imitarla. Las casualidades se daban casi con la misma frecuencia. El examen sistemático, rápido y sencillo se complicaba según aparecía un nuevo país en la mente. Era inesperado.

Reconocías en la cafetería a la chica rumana, con pelo rubio, liso que hacía Geografía.
Tenías detrás alineada a la gemela francesa, esa que hasta hizo tus mismas asignaturas pero un año antes.
Te reconocen y se acuerdan de tu nombre a pesar de haber pasado cuatro meses la que aparece con un color de labios cada día más bonito.
Te preguntan por Historia Contemporánea para comprobar la igualdad de estudios hace más de treinta años.
Escuchas acento mediterráneo pero te pierdes entre tantos nervios por intentar recordar lo que sabes de Chile.
Un mexicano se presenta en tu camino tras haberle conocido en una ciudad que no era ni la de residencia.

Sí, algo había en mi interior que no estaba presente en mi cabeza. Podría ser la mezcla nacional, supranacional, las relaciones exteriores, las internacionales, los encuentros odeónicos o simplemente mi falta de adaptación a un entorno monótono, sin viajes improvisados, sin soirées, en donde cada vez que lees la ciudad que posee una A e I en su interior piensas en la capital española. Pero no, ese es tu razonamiento y verbalización, tu corazón sigue parte allí, junto a la número 15, escuchando griteríos, con lavadoras a las tantas, una ventana con vistas a Diderot directamente y un bus que te llevaba por el buen camino.


Las nacionalidades se perdían según avanzaba el curso del río, siempre hacia el oeste a pesar de haber comenzado en la Nation, es decir en el este.

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