3.30.2014

Puede que

Puede que sí, puede que, poco a poco, la memoria nos falle a todos, que no sepamos cuál de todos los dirigentes de gobierno ha muerto. Puede que hasta “morir” en ese sentido se utilice como una metáfora.

Puede ser que el otro día, mientras leía la página 434 de Carr (Raymond), una imagen apareciera en mi mente. Era una señal-no de tráfico-sino una en donde se señalaba qué dirección escoger. Te marcaba en la señal la peligrosidad del norte, el tedio del sur, la invitación hacia el oeste y lo hogareño del este.

Puede ser que hace solo dos semanas diera más importancia a cualquier tipo de pronunciación francesa, que Chartier me pusiera nerviosa, que cada una de las expresiones aprendidas fueran entrando poco a poco pero sin amontonarse.

Puede ser que los diarios mentales se escapen de la memoria porque son sustituidos por la recién estrenada melodía. O, incluso, que tomar notas sea inútil porque todos sabemos que la batería siempre se agota al final del día.

Puede ser que el cansancio haya sido remplazado por una serie de lecturas novecénticas, modernistas, noveochocentistas. Por contra, puede que este se encuentre aislado en una parte del cerebro intentando ser substituido por imágenes pasadas.

Puede ser que me acuerde de aquel puente, de un viaje, de un par de fotografías que podrían haber sido sacadas, de un lugar secreto, de una Cathédral, de un número 15, de un desayuno internacional, de un café que dejaba más nerviosa, de un gran armario vacío según iban pasando las semanas.


Puede que no todos los elementos sean oligárquicamente elegidos por el azar.

Puede ser que no todos ellos acaben en la deriva, al haber tomado medidas.

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