5.27.2014

Reflejos

Creo que, desde siempre, he tenido una obsesión por los reflejos: marítimos, férreos, escritos, históricos. Hace poco me he dado cuenta que viene por herencia directa de María. Es ella la que encuentra a su hermana más joven en el espejo, la que intenta tocarla con sus arrugados dedos, la que le confiesa que se quería escapar de esa habitación.

Puede que, por imitación, a mi me pase lo mismo, que quiera encontrar a gente, objetos, edificios, bolígrafos reflejados por el reflejo creado por la mente. A lo mejor, viviré toda una vida buscando el reflejo inesperado del día para poder olvidarme de que existe la noche. Quizá acabe como las gattere italianas al no encontrar una definición de la vida en el reflejo que yo deseaba.

El mismo día en que me di cuenta de lo heredada que estaba mi presencia, empecé a escribir sobre cada uno de los reflejos posiblemente reales que podría haber vivido. Acabaron mojados al intentar escribirlos a través de un vaso con escasas gotas de agua. Lo volví a repetir pero esta vez fueron los potentes rayos solares los que, a través, del cristal acabaron con la lista.


Fue, al final de ese día, cuando aprecié dos realidades: una, a lo mejor no eran los reflejos quienes me destruían sino las listas mal terminadas y, dos, mi madre no parecía muy atenta a los reflejos, ¿se habría saltado una generación este fenómeno?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Soy una chica de mente abierta, pero no soy capaz de encontrarle sentido a esto.
He leído como tres textos, esperando algún tipo de continuidad en los párrafos o al menos después de las comas. Ausentes.
Chica, no es lo tuyo.

Buenas tardes.

Un saludo.