10.23.2014

Autoescritura

Llevaba tiempo engañándome a mi misma, pensaba que sabía escribir, que pensaba exponer mis pensamientos de forma clara (a veces, concisa). Pero recibí un batacazo, los malditos mensajes anónimos. Quién sería la primera persona que pensaría en el concepto, fuera quien fuera, nos ha llegado de forma anónima.

Tras esta grata sorpresa a media noche y con una familia sin terminar de cuajar (como el huevo en muchas tortillas) y ayudada por un incondicional bajito-como yo- llegué a la conclusión de que todo lo que había hecho era quedarme en las vanguardias de principios del siglo pasado, que seguía en los veinte, que todavía llevaba bonets, que movía mi cuerpo para hacer brillar mis ideales gracias a los abalorios de mi vestido. Me había estancado en la autoescritura, no sabía salir de una insignificante no planificación, que me autovaloraba más de lo que lo hacían los que tenían un wordpress; en definitiva, para qué continuar una cosa cuando no se está conforme con ello. Directamente, apaga y vámonos. No malgastemos el sentido abstracto que le damos a la palabra tiempo.
No obstante, la perseverancia entra en mi vocabulario; imaginación es lo que, a veces, regalo; soy disparada hacia nuevos proyectos; he tenido varias caídas al estrenar tacones. Es decir, creo que tengo los ingredientes para volver a lo que dejaste (¿a medias? No creo, saca lo mejor de lo anterior, da gracias a Dios por su existencia, exprime lo que puedas, saluda al pasar y desea suerte y ánimos-vamos lo mejor para esta vida).

¿Cómo puede una persona dejar de expresarse? Sea por donde sea: lloros, gritos, tics nerviosos- quitándose y colocándose el anillo-, volviendo a 1931, a un título provisional no válido complementado con un guiño y una cuestión, a un diario sin terminar, a un texto hecho por escritura automática.

¿Cómo puede afirmar una persona lo que debe o no hacer la otra? ¿Cómo puede negar la libertad de expresión? ¿Cómo puede negar su autoescritura? ¿Alguien se lo negaría a Breton?

2 comentarios:

Fernando Moya dijo...

Nadie, en su sano juicio, se atrevería a negárselo a Bretón. Ni a nadie. ¡Tremenda entrada, Irene!

Marta dijo...

No creo que nadie te haya negado nada, la verdad, sino que simplemente ha comentado su opinión respecto a tu escritura, que es por lo que, supongo, tienes un blog con comentarios abiertos. Creo que alguien ha dicho que no llega a comprender las imágenes que intentas transmitir con tu escritura como si fueran. Las metáforas son traslaciones que deben permitir el entendimiento de una idea mediante la expresión de otra semejante y análoga. He leído mucho y, debo decir que tus metáforas son, cuanto menos, inusuales, y el referente es complicado -por no decir imposible- de entrever. ¿Eso es bueno? ¿Es malo? Depende de lo que pretendas en tu actividad escritora. Efectivamente, si gustas de quedarte resguardada en lo que insistes en llamar "autoescritura", con entenderte tú a ti misma te debería bastar (y no necesitarías un blog ni comentarios abiertos). Pero si quieres transmitir algo a alguien, si quieres verbalizar lascas de tu alma de manera que otra persona se corte al paladearlas y trague sangre, vas a necesitar mucho, mucho más. Una mejor puntuación y alguna que otra tilde ausente, para empezar.